Texto escrito por Xavier Frías-Conde.
¿Alguna vez han oído ese dicho de que los grandes perfumes se contienen en envases pequeños? Estoy seguro de que sí. Pues bien, con la literatura muchas veces pasa lo mismo. Hace tiempo descubrí lo que llaman microliteratura, que consiste en textos muy, pero que muy breves, que cuentan historias en muy pocas palabras. Está muy de moda en internet y con ella se crean microrrelatos.

Pero seguí tirando del hilo y me pregunté: ¿y el teatro? Pues el teatro no tiene tantos textos hiperbreves. Un momento, ¿hay poco microteatro? Sí, bastante poco, pero el que hay, está solo pensado para público adulto. Ajá, entonces no hay (casi) nada de microteatro para público infantil y juvenil.
Aquí quería yo llegar. Digo casi nada, porque desde siempre han existido los títeres y las marionetas, con representaciones muy cortas, lo cual es, técnicamente, microteatro. Pero, ¿y con humanos? Con humanos hay casi nada.
Por eso, a mí que me encanta escribir textos breves me dio por crear micropiezas de teatro (parece una obsesión lo de micro, pero tiene su gracia, ya verán).

Allá por 2017 escribí las primeras: «Lara y el canicornio» y «El semigenio Alí». Y desde entonces no he parado. Luego tuve la suerte de que una profe colombiana empezase a usar mis micropiezas en sus clases. Esto fue durante la pandemia de COVID y me mandó las micropiezas grabadas en vídeo. Todo lo montaban los chicos en sus casas, con sus familias. Así grabaron «El Principito en el asteroide de chatarra». Después más profes me mandaron más grabaciones de otros colegios, como de Ecuador y Brasil (estas en portugués).
Cabe preguntarse entonces por qué funcionaba tan bien. Creo que es porque es una manera de trabajar con el teatro muy sencilla, sin necesidad de memorizar gran cosa, que se monta en el aula (o en casa) fácilmente, que suele ser divertido y que luego, cuando se ve, deja un regusto en la boca de querer más y más. Pero eso no es todo. Para mí es fundamental que la micropieza no sea solo un texto para representar, sino también para leer, es decir, que el lector de una micropieza se la lea más o menos como se lee un cuento breve.
La clave está, pues, en la brevedad, pues no cansa. Alguna persona todavía tendrá dudas y dirá: ¿acaso se puede crear una micropieza para representar en cinco minutos o menos y que sea una verdadera obra de teatro apta para público infantil? La respuesta es sí, pero si no se lo cree, que venga a ver una puesta en escena por chicos y chicas de cualquier parte. Saldrá convencido de que no solo es posible, sino que, además es muy educativo porque fomenta la actividad en grupo.
© Xavier Frías-Conde, 2024
